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La avaricia

La Crónica virtual, recopilado por Sindicato Alta - 11/11/2014

 

Román Bono Guardiola fue presidente de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia desde 1983 y tras el cambio de nombre a Mediterráneo continuó hasta su cese, por decisión de Eduardo Zaplana y complacencia de Gisbert, en 1998.

JUAN NAVARRO  

Coincidió con tres directores generales: Curro Oliver, don Curro; Miguel Romá y Juan Antonio Gisbert García. El día 24 de marzo de 1992 cuando presidía el consejo de administración que cesó a Miguel Romá Riera para colocar como director general de la CAM a Juan Antonio Gisbert García, en un golpe de estado vergonzoso, afirmó y cito textual: “No me gusta esto”. Esa frase, producto de la sinceridad acerca de su estado anímico, casi le cuesta el puesto. Dos días después se reunió a cenar en el restaurante Trento de la calle de San Fernando, con Gisbert y las respectivas, y aquello se olvidó. Manchi le juró amor eterno a Gisbert y unos “ronsitos” para Manchi y media botellita de 1866 Larios para Gisbert, sellaron el pacto. Los otros comensales, entre ellos López Abad,veían, oían y daban tabaco. “Manchi” es un hombre elegante, afable, simpático y no molesta.

Cada vez que Juan Lerma visitaba Alicante, le decía a su chófer: "Llévame a casa deVicente Sala; es el único sitio donde no me agreden". Agradecido por la hospitalidad de la Finca La Torre, antes Villa García, Lerma colocó a Sala (Vicente) como vicepresidente de la CAM sustituyendo a Ignacio Gabriel Jiménez Raneda. En 1995 cuando Eduardo Zaplana accede a Presidente de la Generalitat, Sala (Vicente), cambió rápidamente y el invitado habitual de la Finca la Torre, antes Villa García, era Zaplana. Vicente sustituyó a Manchi Bono en 1998. Vicente era un hombre afable y educado, siempre te preguntaba por la familia, “rezaré por ellos”, aunque unos minutos antes te hubiese intentado dar el pasaporte. Pero no molestaba a Gisbert. Incluso se plegaba, con tal de seguir en el puesto de presidente de la CAM. Ninguno de ellos cobraba un sueldo por presidir el consejo de administración de la Caja. Posiblemente hiciesen algún que otro negocio, algún viaje, pero jamás una nómina mensual. En 2007 se produce un intento de cambio de Sala (Vicente) porSala (Armando) a través de un pacto entre parte del partido popular y el partido socialista contra los campistas. Aquello acabó como el rosario de la aurora y Sala (Vicente) continuó de presidente y Armando casi lo destierran a galeras. El secretario del consejo era un vendedor de coches ilicitano llamado Modesto Crespo Martínez, investigado en el juzgado por su actuación en COEPA y en FEMPA en relación a determinados asuntos monetarios poco claros. Mientras se jugaba esa partida de ajedrez, Joaquín Meseguer Torres se postulaba en Valencia, Gerardo Camps mediante, como nuevo director general de la CAM.

En junio de 2009 Vicente Sala Bello cesa por imperativo legal, cumple 70 años. Lo sustituye Modesto Crespo, sonrisa de hiena. Pero Modesto Crespo venía con “hambre atrasada”. Por fin consigue lo que iba persiguiendo desde hacía tanto tiempo. Por fin aquel 10 de junio de 2009 consigue consumar su gran ambición; sus viajes a Valencia, rosario, cirios, velas, ejercicios espirituales y demás opusdeísticas aficiones daban su fruto. Presidente de la Caja, “ves nena como ha valido la pena”. Pero al cabo de unos meses Modesto está inquieto. Sabe que su permanencia en el cargo implica ser como sus antecesores, no enredar, aceptar todo lo que te ponen a la firma, mirar hacia otro lado cuando se trata de firmar las actas del consejo anterior, ningún protagonismo en la confección del orden del día, “esas son cosas del director general”, en definitiva portarse bien y no dar que hablar, pero está inquieto puesto que no cobra y él sabe lo que se está repartiendo en la vecindad, conoce los negocios de los directivos y de Cívica y de Hansa Urbana y de Polaris World, y de Succina y Valfensal y Paconsa y Nova Carthago y muchas cosas más. Él no está habituado a ocupar un puesto sin sacar beneficio, tajada y ¡la CAM es una tajada del copón!. Un cargo implica un sueldo, piensa y la inquietud lo lleva, tras algún cambio de impresiones con cierto consejero, a hablar con Roberto López Abad; ¿de lo mío qué?. Roberto le jura por todo lo más sagrado que lo suyo está en camino y no hay ningún problema, le pide un poco de tiempo. El tiempo pasa y Roberto no dice nada. “Oye Roberto, ¿qué hay de lo mío?”. Roberto López Abad no tenía claro el sistema para pagarle un sueldo a Crespo. La Caja, en sus estatutos, no preveía que el presidente cobrase y cambiar los estatutos era muy complicado. El tiempo seguía pasando. Al final el jefe de la “Gestapo” le desliza la solución: “Hazlo presidente de una filial y ponle un sueldo, además el Banco de España no suele fisgonear en las filiales, todo lo que no es negocio bancario no le interesa”. López Abad lo ve claro y busca entre las covachuelas y letrinas de la CAM una empresa que no cante demasiado. Podía haber elegido “Gradiente Entrópico”, pero se plantó en TINSER Capital comandada por la quinta maravilla del Credo: Alfonso Rodríguez Rabadán, consejero de Terra Mítica donde la CAM enterró doce millones de euros y director de empresas participadas. Se traslada a la comisión de retribuciones el nombramiento de Modesto Crespo Martínez como presidente de TINSER Capital y un sueldo de trescientos mil euros anuales. La comisión de retribuciones, formada por Antonio Gil-Terrón Puchades,presidente, y Luis Esteban y Martín Sevilla como vocales, aprueba la propuesta del director general y da luz verde a que dicha propuesta se eleve al consejo de administración. Es Joaquín Meseguer Torres el que propone al consejo el nombramiento de Crespo como presidente de Tinser. De los emolumentos no puedo decir nada pues no me gusta hablar u opinar de lo que desconozco. 

A partir de ahí hay muchas versiones. Desde la que opina que nunca se llevó al consejo y posteriormente se incluyó en el acta sin conocimiento de los consejeros hasta la que afirma que se llevó al consejo, se aprobó el nombramiento y los emolumentos correspondientes. Sin embargo, los consejeros que eran miembros de la comisión de retribuciones sabían de lo que se hablaba. Todos los consejeros del consejo de administración de la CAM desfilan estos días por la Audiencia Nacional. El Juez Javier Gómez Bermúdez los ha imputado y los ha llamado y eso debe acojonar un montón, pero claro, los que más deben estarlo son los de la comisión de retribuciones, ellos no se pueden llamar a engaño, sabían lo que había.

Mi hermano suele afirmar que en la antigua Grecia, cuando los dioses querían volver locos a los hombres, les inoculaban el virus de la avaricia, traición deliberada para beneficio personal.

Román Bono Guardiola, Vicente Sala Bello, presidentes de la CAM, tuvieron una actuación elegante y discreta. No les hacía falta cobrar ninguna dietilla ni “ajustes de masita” puesto que sus negocios funcionaban bien, o muy bien y en ocasiones mejor debido al dualismo empresario presidente de una entidad financiera. Pero no había codicia ni avaricia. Modesto Crespo Martínez, sonrisa de hiena, pertenecía a la pléyade de personajes que se acercaron a la caja para hacer negocio en beneficio propio. Los Ferri, Avilés, Galea Expósito, Crespo Martínez. Y algunos consejeros que se aprovecharon de su cargo para cobrar unos sueldos desorbitados por no hacer nada e incluso, obra social mediante, más beneficio, caso de Martín Sevilla Jiménez, el catedrático de economía aplicada que únicamente la aplicó en su propio beneficio y que hoy vaga como un espectro en su año sabático, cobrar por holgazanear, por la ciudad de Elche. Estoy seguro que se encontrará a Crespo; ¿de qué hablarán?. Cobrar ochenta mil, cien mil, doscientos mil euros, para mirar hacia otro lado mientras los directivos expoliaban la caja.

Ahora sólo falta que la justicia hable y se restituya lo robado a miles de clientes a los que se estafó con las cuotas participadas. Que nadie se queje. Los tiempos de vino y rosas se han acabado.

 

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